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Este es un relato que guardo de hace mucho, lo comparto con uds. y de esta forma

2 de mayo de 2010 a las 3:52 Última respuesta: 14 de noviembre de 2015 a las 23:57

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Mi primera vez con un ...
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Enviado por depravada33 el 30 octubre a 10:18
No sé como empezar a contar lo que me sucedió el pasado viernes, ni como explicar como me siento hoy. Forzada por una combinación de mis propias necesidades intimas, la persuasión de mi amiga Rosana y también porque no decirlo, mis deseos de venganza hacia mi marido por haber descubierto que él hacía lo mismo desde hacía tiempo, acabé acostándome con Felipe, un chico que se anunciaba en el periódico. Y el caso es que la primera sorprendida fui yo misma que me condujeron sin saberlo como cordero al matadero.

Rosana se encargó de prepararlo todo y de hablar con Felipe a escondidas para que me recibiera. Desde luego si no llega a ser así yo sola no doy el paso, antes me muero de vergüenza que hablar con él por telefono y concertar una cita.

El viernes pasado fue mi cumpleaños y quedamos las dos para salir de compras y hacerme un regalo a mi misma con el dinero que me dio mi marido. Ella como siempre llevaba la voz cantante y me fue llevando de tienda en tienda de ropa parando para tomar café.

Entonces no le dí importancia aunque después entendí porque miraba tanto el reloj. Recuerdo que le pregunté si tenía que ir a alguna parte y yo la estaba entreteniendo, y ella siempre me decía que no que era que estaba un poco nerviosa y era un gesto reflejo.

A eso de las seis de la tarde, entramos en un edificio grande de muchos pisos y me dijo que tenía que recoger un paquete en casa de una señora que la acompañara a subir que era cosa de cinco minutos.

Subimos en el ascensor y yo no sospechaba donde íbamos en realidad. Al llegar al quinto piso se detuvo el ascensor y salimos las dos. Ella timbró en la puerta marcada con la letra C. Al momento se abre la puerta y tras ella casi oculto un chico mulato en albornoz que nos dijo que entráramos deprisa. Yo me quedé petrificada y clavada al suelo, pero Rosana me empujó hacia dentro y la puerta se cerró detrás de nosotras.

No acertaba a saber que pasaba y sólo miraba a Rosana como pidiéndole una explicación sin casi poder articular palabra.

-Te presento a Felipe, me dijo.

Las bolsas se me cayeron al suelo y el corazón me empezó a latir muy deprisa como queriéndose salir del pecho. El pobre chico quiso hacer un gesto de darme un beso pero yo me aparté de él casi escondiéndome detrás de Rosana. Dios mío cada vez que lo recuerdo, que vergüenza ahora, que pensaría de mi, pero claro yo no estaba ni remotamente preparada para lo que me iba a encontrar.

Rosana entre risas le hizo un gesto a Felipe de complicidad y el sonreía enseñando una brillante dentadura blanca perfecta.

Yo agarraba a Rosana del brazo y quería llevarla hacía la puerta para que me sacara de allí y le decía al oído que nos fuéramos, pero ella me sujetó a mí y me dijo que me calmase que sólo habíamos venido a conocerlo y a que yo lo viera haber que me parecía, que ya que estábamos allí que habláramos un poco.

Yo no sabía como pero tenia claro que tenía irme de allí porque estaba incomoda y muy nerviosa y sobre todo muy avergonzada. Nunca fui capaz de disimularlo y mi sentido del ridículo y mi timidez hicieron que me sonrojara como una niña que ha hecho algo malo.

Felipe nos invitó a pasar a una salita y nos ofreció algo para beber, yo solo quería agua y pasar el apuro con la mayor dignidad y prontitud posible. Casi no me atrevía a mirarlo a la cara y lo que recuerdo de aquellos primeros momentos es su piel color canela y su albornoz de color amarillo chillón.

Cuando él se fue a poner las bebidas Rosana me dijo con un tono de enfado pero muy bajito al oído para que no se oyera que le había costado mucho prepararlo todo, la cita, el salir de compras sin nuestros maridos y colocar a los niños con ellos y sobre todo que el tiempo de este chico costaba dinero y que no era el momento de echarse atrás que me quitara los perjuicios y que lo dejara hacer a él. Que no pensara que le iba a poner los cuernos a mi marido, sino que pensara que le iba a devolver el pago con la misma moneda y a saber las veces que él lo habría hecho antes. Yo quería protestar, no, en realidad yo lo que quería era que me tragara la tierra y hasta me faltó muy poco para empezar a llorar, pero ella me volvió a recriminar diciéndome que hiciera el favor de comportarme como una mujer adulta, o al menos parecerlo y no como una mojigata porque estaba quedando como una cría tonta.

Felipe apareció con mi vaso de agua y dos copas de cava una para Rosana y otra para él. Bebí el agua de un trago y respire hondo tratando de parecer que dominaba la situación. El se dio cuenta y volvió a sonreír. Rosana y él hablaron durante unos pocos minutos que me parecieron siglos de sus cosas y al cabo ella se levantó y dijo:

-Bueno pareja, yo os dejo para que os conozcáis mejor ahora vosotros y más tranquilos que tendréis muchas cosas que contaros.

Yo me levanté también con intención de dar cualquier excusa y marcharme. Ella ya estaba preparada para eso y me cogió de la mano, me llevó a un rincón para hablarme en privado.

En eso Felipe se dio cuenta de que debíamos hablar a solas y cortésmente dijo que se iba al cuarto de baño porque justo cuando llegamos el se iba a tomar una ducha.

Cuando salió del salón, Rosana me volvió a decir esta vez más suavemente que estuviese tranquila, que no me iba a pasar nada malo y que le dejara hacer a él que ya había hablado por telefono con Felipe y le había explicado mi situación en casa y que yo era primeriza y que me iba a tratar con mucho tacto y cariño, que si en cualquier caso yo me arrepentía en el ultimo momento que no estaba obligada a hacer nada, que allí la que mandaba era yo y que le pidiera lo que quisiera que él lo haría gustoso para mi.





Traté de protestar, pero ella siguió diciéndome que no tuviera miedo de ningún tipo, que el chico era muy limpio y muy discreto que mi marido jamás se iba a enterar de nada y que ese era su regalo de cumpleaños para mi, y que ni siquiera me iba a tener que ver en el aprieto de tener que pagarle que ya todo estaba arreglado.

Yo dudaba de que hacer, me sabía mal hacerle un desprecio a mi amiga que tanto trabajo se había tomado en preparar aquello, pero era demasiado fuerte para mi, estaba en un picadero y ahora me tocaba el turno de que me picaran a mi. Para mi era impensable todo aquello.

Rosana se acerco a la mesa y sirvió una copa de cava hasta el borde, me la acercó y me dijo:

-De un trago.

Yo obedecí no por complacerla sino porque realmente lo necesitaba. Después me señaló el pasillo y me dijo:

-Esa puerta de ahí es el cuarto de baño, ya veras que gozada de sitio niña y la de al lado es el dormitorio. Tú relájate y recuerda que no tienes nada que temer y que no se hará nada que tú no quieras, confía en mí y sobre todo confía en él y déjalo hacer. Te paso a buscar a las ocho.

-¿A las ocho? Exclamé yo angustiada.

-Faltan casi dos horas aún, le dije.

-Tu hazme caso que se te van a pasar volando niña, fue su respuesta, y dándome dos besos salió del piso.

Me había quedado sola con aquel hombre que estaría desnudo tomando una ducha tranquilamente como si tal cosa. Alterada, volví a llenarme la copa y la apuré de dos sorbos. Observé la salita distraídamente sin mucho interés y luego reuní el valor suficiente para acercarme silenciosa hasta la puerta del baño. Estaba entreabierta y traté de fisgar por la abertura pero no se veía nada. Desde fuera eso sí podía oír a Felipe como canturreaba bajo el ruido del agua de la ducha, y una agradable melodía que provenía del interior.

Mordiéndome los labios decidí ser valiente y toqué con los nudillos en la puerta que se abrió un poco más permitiéndome ver la mampara de la ducha y la sombra difusa de su cuerpo tras ella. Instintivamente por vergüenza cerré los ojos y estuve a punto de pedir perdón pero por suerte me contuve.

No había dado un paso todavía cuando escuché su voz agradable al oído por su acento Cubano que me decía:

-Mira mi amor allá en la habitación de al lado cogete un albornoz que te dejé sobre la cama, mira te desnudas y te lo vistes y ya después que acabes te vienes acá y te tomas una ducha.

Me quedé pensativa un momento pero luego aliviada por salir de allí entré en el dormitorio. Allí estaba el albornoz sobre una cama grande de matrimonio y unas mesillas y armarios algo viejos y gastados.

Miré la cama unos instantes y trataba de imaginarme allí revolcándome con otro hombre que no era mi marido y entonces salí del dormitorio con intención de irme a casa.
En ese momento él volvió a hablarme:

-¿Ya estas mi amor?, has sido rápida pasa cariño.

Sonaba tan dulce. No supe que contestar pasó un momento hasta que le dije:

-No, chillé ¿Dónde puedo dejar mi ropa?

Felipe me contestó riendo, donde quieras mi reina, hay una silla tras del armario puedes colgarla allí.

-Gracias, llegué a susurrar, y me volví a la alcoba.

Desabroché mi blusa blanca de encaje y la doblé con cuidado poniéndola sobre la silla. Mis movimientos eran como los de un autómata, no sentía lo que hacía y en aquél momento creo que era mejor así porque si llego a pensarlo bien me hubiera ido corriendo y esta vez no me detendría por nada.

Solté el botón de mi vaquero y entonces me di cuenta de que llevaba unas braguitas transparentes normales y corrientes nada sexy ni sugerentes. Por fin salió mi lado coqueto. Estaba a punto de cornear a mi marido con un chico que no conocía de nada y yo preocupada por mi aspecto. Decidí dejarlas escondidas bajo el resto de mi ropa así que me quité el vaquero, las braguitas y el sujetador y puse mi ropa interior bajo la blusa tapada para que no se viera.

Llevaba un calzado ligero de suela plana sin tacón idóneo para ir de compras y andar cómodamente por las calles. No sabía si quitármelo o no, no vi ninguna zapatilla en el suelo y yo soy muy reacia a ponerme el calzado de otras personas, por otra parte el suelo estaba limpio y se veía muy higiénico, así que me vestí el albornoz blanco muy confortable que olía muy perfumado y suave y salí del dormitorio descalza.

Como condenada a muerte que va a la hoguera, con mi voluntad anulada completamente y muerta de miedo recorrí el camino hasta el baño. La puerta estaba abierta y pude comprobar que era una habitación muy grande y que al fondo había un Yakuzi con agua de la que emanaba vapor y burbujas. La música agradable y relajante sonaba de fondo. Felipe seguía en la ducha tras la mampara podía ver su forma alargada y borrosa, lo miré un instante y luego di un paso hacia dentro para contemplar mejor el Yakuzi dándole la espalda.

De repente sentí un aliento caliente en mi nuca, y sin casi tiempo para reaccionar el tacto de unas manos en mi cintura y unos labios calidos y carnosos besándome suave el cuello. Me quedé como una estatua petrificada e inmóvil pero por dentro estaba tensa como un gato a punto de saltar.

El chico seguía besándome el cuello muy dulcemente y dándome mordisquitos de cuando en cuando. Era una sensación muy agradable y me abandoné a mis sentidos. Me susurraba al oído con cariño que me calmara que no iba a pasar nada y que dejara todos mis problemas a un lado.

Que cosquilleo más agradable me recorría la espalda, era como volver a sentirme viva cuando metió su lengua caliente y húmeda en mi oreja, que gustito

Sin dejar de besarme y recorrerme el cuello con sus labios, se las apañó para desabrocharme el albornoz y dejarlo caer al suelo de un tirón. Ahora sentía como sus grandes manos se posaban en mis caderas y me acariciaban despacio de arriba abajo. Totalmente desnuda y en sus manos los últimos resquicios de mi pudor se rebelaban por salir, pero me volvió a susurrar al oído como a los animales para tranquilizarme.

-Cariño, estas preciosa me encanta tu piel de seda.

Dejé caer mi cabeza hacia atrás complacida y sosegada y cerré los ojos, entonces él soltó mi cintura y puso sus manos a cada lado de mi cuello. Al momento se me pusieron los pezones como piedras. Aun no podía salir de mi asombro de cómo podía comportarme de aquella manera. Mi cuerpo se rebelaba. Sus manos eran grandes y calidas, muy suaves. Dejó ir resbalando uno de sus dedos por mi pecho hasta mi canalillo y luego lo volvió a subir por el mismo camino hasta posarlo en mis labios. Yo se lo chupe y el lo removía dentro de mi boca. Una vez lo tuvo mojado lo dejo caer hasta uno de mis pezones y caracoleó allí hasta que pensé que se me iba a reventar. Dejé escapar un suspiro de placer y entonces supe que ya no iba a haber vuelta atrás por mi parte.

Yo estaba totalmente entregada. Me estaba volviendo loca con aquellas caricias en mis senos. Abrí los ojos y pude verlo mirándome a la cara mientras acariciaba ahora con toda la mano mis pechos. Su mirada dulce me cautivó y me rendí del todo. Ahora sabía que no debía tener miedo y el seguía susurrándome cosas al oído de lo que íbamos a hacer aquella tarde.

Súbitamente, con fuerza varonil pero sin hacerme daño en absoluto, me levantó del suelo en volandas y me metió con el en la ducha. Sentí el agua tibia en su punto justo de calor y el amablemente sin apartarse de mi y con mucho mimo me colocó bajo el chorro para que fuera entrando en calor. Lo que el no debía saber es que yo ya estaba bastante calentita. Hacía mucho tiempo que no me trataban así y me sentí querida aunque en el fondo sabía que era mentira que él no podía quererme ni desearme tanto como me decía al oído, pero me gustaba dejarme engañar.

Mientras su cuerpo se arrimaba al mío me tenía sujeta firme pero suavemente y pude empezar a sentir primero su pecho en mi espalda y por fin la sensación de su miembro en mis nalgas y mis muslos. Se adivinaba grande y lo notaba caliente pero no estaba erecto y entonces empecé a pensar que quizás yo debía empezar a hacer algo y no ser tan egoísta como lo es mi marido conmigo. Eché mi mano derecha hacia atrás y le cogí tremenda cosa que tenía allí, pero sin embargo no estaba dura del todo.

El dejó escapar un gemido de placer y me susurraba como le gustaba que lo tocase. Seguro que era para agradarme pero a una también le gusta de vez en cuando que le digan que esta bien lo que está haciendo.

Luego empezó a acariciarme el vientre formando círculos muy suavemente sin dejar de halagarme y hablarme al oído y besándome el cuello y los lóbulos de las orejas. Cuando se agachaba para besarme los hombros notaba como su badajo me daba en los muslos pendulon pero mi mano seguía agarrada a él y empecé a masturbarlo pausadamente.

Si me hubieran dicho por la mañana que por la tarde iba a estar haciéndole una paja a un tío al que ni siquiera le he visto bien la cara todavía hubiera pensado que estaban borrachos.

Felipe me suspiraba en los tímpanos taladrándomelos con su lengua vivaracha e incansable. Sus manos se deslizaban buscando mis muslos y se empezó a mover de arriba a bajo frotándose contra mi trasero. Estaba en el paraíso, todo era perfecto la música, la temperatura, élsobre todo él. Me iba a ... y parecía que lo hiciese con tanta cortesía con tanto respeto y con tanto amor.

Estaba segura de que me la iba a meter, es que yo quería que lo hiciera ya como estaba tardando en hacerlo, mi marido ya habría acabado de hacerlo y sin embargo Felipe llevaba casi media hora y seguía calentándome.

De pronto al acordarme del tiempo que llevaba allí recordé a Rosana cuando se marchaba que me dijo que se me iba a pasar volando. Que razón tenía por Dios, me vi angustiada como Cenicienta deseando que nunca dieran las doce y entonces me di cuenta que ella ya había venido aquí otras veces y había estado con Felipe en otras ocasiones. Llámenme ... o lo que quieran pero me sentí celosa y posesiva por unos momentos. Sabía que él era de todas y de ninguna, lo sabía pero a Rosana la conocía podía poner cara a esa figura femenina que retozaba con el en la cama y me disgusté.

La voz de Felipe me despertó de mis pensamientos.

-¿A vos le importa que la bese en los labios, querida?

La verdad es que lo deseaba y el chico parecía limpio y sano y Rosana me dijo que no tuviera miedo de nada, así que tomé la iniciativa y girándome traté de pasarle mis brazos por su cuello rodeándolo pero no pude porque él era muy alto y tuve que ponerle las manos en su espalda.

Por primera vez pude fijarme bien en sus rasgos dulces con carita de niño bueno. Tenía unos labios gruesos y bien formados y su tez era morena del color de la canela. Iba con el cabello casi rapado y sus ojos negros eran inmensos. Lo besé en los labios y el se dejó hacer, no intentó nada así que tuve que ser yo la que iniciara el chupeteo con mi lengua.

El enseguida de esto participó y sacó la suya enroscándola delicadamente en un largo y delicioso beso. Acabó mordiéndome suavemente los labios y creo que entonces fue la primera vez que pude sonreír desde que llegué allí.

-Besas de infarto cariño.

Ufffffffffffffffff ¿como me dice esas cosas?

Creo que me enamoré como colegiala de ese chico en ese preciso instante. Seguro que tenía la mirada perdida de cordero degollado. Estaba flotando como en una nube, pero no estaba soñando porque en ese momento me cogió en sus brazos como a la novia que hubiese querido ser y me sacó de la ducha llevándome al Yakuzi. Me depositó allí con tanto cuidado y cariño, que detallista este chico, me ofreció ir a por cava y le dije que sí.

Tardó dos minutos y traía otra botella en su cubitera. La abrió con maestría y me tapé los oídos como una tonta cuando creí que iba a saltar el tapón. Me miró sonriendo con aquella dentadura brillante y perfecta. Y me dijo

-Sos adorable, y muy linda también.

Me sentí orgullosa y halagada, ya no alcanzaba a recordar la última vez que mi marido me había dicho algo parecido, pero decidí que no iba a estropearme aquel momento y lo aparté de mi mente. Me asombraba de mi misma como podía haber cambiado tanto en tan poco tiempo. Ahora estaba desnuda delante de un perfecto desconocido sin importarme que me viera o me tocara mis intimidades y es más deseando ardientemente que me follara como quisiera, estaba espatarrada con las piernas abiertas indecentemente dejándole hacer lo que quisiera con lo más secreto de mi cuerpo.

Brindamos y bebimos un sorbo cruzando las copas con nuestros brazos como dos novios enamorados. La temperatura del Yakuzi perfecta y las burbujitas me estaban poniendo a mil.

Felipe se sirvió otra copa y posó sus labios en ella, luego me la ofreció por el sitio donde los había puesto y bebí golosa de ella sin apartar mi mirada de él. No pude tomar más que un sorbo, después apartó la copa de mis labios y derramó el resto por encima de mi cuerpo y rápido se lanzó a beberlos de entre mis senos. Guaaaaa que sensación de frío y calor de su lengua a la vez, comenzó a lamerme los pezones de una forma que nadie lo había hecho hasta ahora. Con una de sus manos acariciaba uno de mis pechos y lamía el otro, poco a poco lentamente sin dejar ningún poro de mi piel fue bajando hasta mi sexo, rodeándolo con su lengua, chupando mis ingles y mis muslos y pareciendo no querer llegar al centro de mi sexo nunca. Cuando levantaba su cabeza para cambiar a la otra pierna, siempre descuidadamente me soplaba en el ... y yo me contorsionaba del gusto. Estaba tan mojada que me hubiera entrado cualquier cosa por ahí en ese momento.

Felipe seguía trabajándome los bajos y entonces ya no me pude aguantar más e hice algo de lo que podría llegar a avergonzarme pero que no me importó, agarré su cabeza con las dos manos y de un golpe me la puse en el ... y empecé a frotarme contra el.


Ay! Cuando sentí su lengua en mi raja me corrí como una perra y aquella fue la primera de varias aquella deliciosa tarde. Como removía su lengua dentro de mí el condenado me volvía loca de placer y yo ya gritaba sin complejos cuando me vine por segunda vez en pocos segundos. No me lo podía creer, nunca me había pasado algo así.

Movía su lengua a ratos muy deprisa sobre mi clítoris a veces muy despacito saboreándolo sin prejuicios sorbiéndolo por momento y dándome unos mordisquitos que me ponían como loca. ¿Cómo podía saber lo que me gustaba sin decírselo y dármelo en el momento justo?

Yo estaba como flotando en el aire y no me dí cuenta de que debió coger la botella de cava. Sólo sentí como una sensación de escalofrió cuando me vertió el cava por mi ... UUYYYYYYYYY! Que frió de repente para sacarme de mi estado de embriaguez de golpe, pero duró solo un segundo porque fue lo que tardó en volverme a meter su lengua en mis entrañas y beber el cava de mis labios inferiores.

Me estaba matando de gusto y yo ya no sabía ni podía imaginar que iba a ser lo siguiente que me hiciera, todo era tan nuevo tan excitante como una película o un sueño erótico. Estaba gozando creo que por primera vez de una verdadera comida de ... bien hecha sin prisas y ¿Por qué no decirlo? Con amor y con ganas de darme placer.

Se incorporó un momento y me quedé mirándole como una niña que le quitan un caramelo, suplicándole con la mirada que me lo siguiera lamiendo como antes; entonces comenzó a agitar la botella con energía tapando el gollete con sus dedos para que no se saliera el liquido y pasados unos instantes con un gesto rápido y preciso me le embutió en el ... UAAAAAAAAA que torbellino de burbujas a presión liberándose en mi vagina era como un caballo vaciándose dentro de mí; ni que decirte que me corrí de gusto con la fuerza de la descarga y el hormigueo de las burbujas dentro de mi cuerpo.

Felipe siguió metiéndome la lengua hasta el fondo sorbiendo el cava y mis jugos que salían disparatados a borbotones y sin control por mi raja sin ningún tipo de ascos ni reparos y eso que no me conocía Con destreza introdujo dos dedos en mi útero y los removía haciéndome retorcer de gusto, los metía y sacaba ahora despacio después más rápido, los juntaba los separaba dentro de mi me tocaba por arriba y luego por abajo que delirio. Me iba a estallar la cabeza borracha de sensaciones.

Extasiada entre orgasmos inolvidables en el clímax del placer y maullando como una gatita en celo, me ví venir encima el corpachon de mi mulato que me cubría por entero. Lo siguiente que sentí no lo olvidaré mientras viva. Felipe me había metido cuarta y media de ... en el ... que de ... ya tenía poco tan dilatado como estaba y me estaba montando con un movimiento sinuoso como si fuera una serpiente.

La cabeza ya no me daba para más y comencé a moverme instintivamente al compás del mulato. No sé en que momento le había dado tiempo para ponerse un preservativo que ni siquiera le ví coger. Yo le dije que si quería quitárselo por mi no habría problema porque tomaba la píldora, pero el muy amable y delicadamente me dijo que le encantaría hacerlo pero que debía conservarlo puesto no por mi embarazo sino por prevención de enfermedades.

No me pareció mal y asentí con la cabeza.



Se acercó a mi oído y empezó a besarlo muy suave y morderme el lóbulo de la oreja sin por ello dejar de reptar voluptuosamente sobre mi cuerpo, que maravilla, que mimos con sus manos por mi pelo y mi cuello y con que ternura me hablaba de lo que hacíamos y como le gustaba, me llamaba su princesa y se me caía la baba encantada con él. Entonces empecé a llorar como una imbecil. Traté de disimularlo para que no se diera cuenta pero fue imposible. Empecé a pensar que aquello se acabaría y no se volvería a repetir. En que todo seguiría siendo un calvario cuando se terminara mi tiempo comprado y en todas las mujeres a las que habría llamado así antes que a mí.

Durante unos instantes se detuvo y estuvo muy atento consolándome y preocupándose por lo que me había puesto así. El pobrecillo pensaba que me había daño con aquel pollón y se disculpó por bruto, pero yo me sinceré y le conté lo que me ocurría.

Me miró directamente a los ojos y me dijo que era cierto que el había tenido muchas mujeres y que habría más sin duda, pero que cada una era especial y única para él y que en ese momento y para siempre ya yo sería su princesita y que nunca me olvidar porque ya estaba en su corazón.

Volví a llorar como una cría tonta, pero esta vez no me habló para consolarme. En vez de eso pasó sus fuertes brazos por mi espalda y agarrándome por los hombros se levantó poniéndose en pie sin sacar su miembro de mi resbaladiza vagina. Yo me agarraba a su cuello un poco asustada y sorprendida por aquel nuevo capitulo de esa fabulosa tarde. Puso sus manos en mis nalgas y empezó a zarandearme de arriba a abajo sin esfuerzo ninguno aparente por su parte. Me estaba ensartando con su ... y me deslizaba suavemente sobre él como si fuera un juguete.

Empezamos a jadear y a sudar sobre todo él que me estaba aguantando en peso. Me hizo indicación para que cruzara mis piernas por detrás de su espalda y al hacerlo si que pude notar en toda su extensión su largo ariete moreno clavándose en mí. Me encontraba totalmente atravesada por su rabo y cada vez me agitaba con más fuerza y más rápido.

Sus jadeos me estaban poniendo cardiaca y fue entonces cuando sentí uno de sus largos dedos acariciándome el ano. Dioooos que gustito y aún fue mejor cuando notó que me estaba corriendo y lo introdujo sin problemas en mi culo. Fue otro orgasmo memorable con su ... en mi ... y su dedo en mi trasero y sin dejar de agitarme como a una muñeca. Chillé como una posesa y fue cuando me dijo:

- Sssssttttttt, ¿quieres que nos denuncien los vecinos princesa?

Reí alegremente y me deje reposar en su pecho agradecida y feliz. Cerré los ojos y me deje arrastrar.

Felipe sin soltarme me llevo en brazos al dormitorio. Al dejarme caer mansamente en la cama tuvo que desenganchar su aparato de mi concha y entonces pude por primera vez verlo detenidamente y con detalle.




Hasta ahora, solo había podido tenerlo dentro de mi e imaginarme su tamaño desde luego que mayor que el de mi marido, pero ahora lo tenía delante de mi muy tieso y erguido, con una vena azulada muy marcada en toda su longitud. Sus testículos no eran muy grandes, al menos eso me pareció a mí, pero si muy duros y prietos los tenía afeitados pulcramente, eran realmente apetecibles.

Yo pensaba para mí como había podido albergar todo ese aparato en mi vagina antes, pero no tenía más que tocarme el ... para saber como había sido posible. Aún llevaba puesto el preservativo que no le acababa de cubrir la totalidad de su miembro y me di cuenta de que no estaba lleno de esperma.

- ¿No te has corrido? le pregunté incrédula.

Me incorporé a gatas sobre la cama para verlo de cerca y le quité el condón.

- Yo me corro cuando y donde vos me digas amor mío, fue su contestación.

Me sentí halagada por su respuesta.

Que maravilla de pene moreno Carli. Lo acaricié suave como a un bebé y le agarré con cuidado sus pelotas. Fue un impulso irrefrenable que me hizo chuparle con lascivia todos sus huevos. Su asta se mantenía erguida y dura y yo se la recorrí cuan larga era con la punta de mi lengua. El suspiraba y me agarraba de la cabeza acariciándome el cabello. Yo quería mamarla bien pero en esa postura no me manejaba y le hice seña que se tumbara en la cama. Felipe obedeció dócilmente y se estiro en el lecho.

Ahora podía contemplar su cuerpo atlético, sus piernas largas y bellas, sus pectorales tan viriles con un vello superficial muy atractivo y sugerente. Y fijarme muy bien en sus manos grandes y suaves y en el tono de su piel.

Me agaché sobre su miembro y comencé a chapárselo por fuera y por su capullo cogiéndole dulcemente sus testículos, jugando con ellos manoseándolos a mi antojo, sintiéndome dueña de ellos, y realmente lo era, eran míos por un tiempo pero eran míos. Mi lengua vagaba libremente por su glande y por veces intentaba de meterle la punta por su orificio; parecía que eso le gustaba porque cuando lo hacía daba un respingo y suspiraba. En ese instante me estaba preguntando si realmente le gustaba lo que le hacía o fingía para agradarme, estuve a punto de preguntárselo pero pensé que la respuesta también estaba condicionada para contentarme.

Decidí no pensar en eso y concentrarme en la comida de la ... que tenía entre las manos. Por fin abrí mi boca y traté de introducirme todo su falo en la garganta, pero no fui capaz de tragar más que la mitad de tamaña verga. Mi saliva había quedado resaltada como testigo del lugar donde mis labios se atragantaron de la carne del macho.

Casi me atraganto y recuerdo que volví a hacer el ridículo tosiendo y poniéndome colorada por la angustia.

Como un caballero dulce y cariñoso Felipe volvió a tranquilizarme diciéndome:

-Poco a poco princesa todo a su tiempo, no has de tener prisa, todo llegará mi amor.

Siempre me regalaba algún halago cada vez que me hablaba, siempre tan atento y respetuoso conmigo a pesar de que me estaba follando como le daba la gana, pero lo hacía con una atención y una delicadeza que me resultaban extraños ya.

Entonces Felipe me cogió por la cadera y me volteó colocándome su ... delante de las narices y asentando mis nalgas a su vez delante de su cara. Que rico 69. Yo con toda su herramienta para mí mientras sentía su lengua recorriendo los últimos rincones de mi cuerpo.

Yo apenas alcanzaba a lamerle el capullo hinchado de su ... porque me aprisionaba la cintura para profundizar con su lengua en mi sexo. Me estaba matando de satisfacción el mulato y como no podía concéntrame bien en su ... me incorporé sentándome en su pecho y dejando que me chupara por donde le diera la gana.

Felipe seguía relamiendo mi ... con los restos de cava y mis jugos vaginales. Me mordía los glúteos con ternura no falta de cierta agresividad que fue aumentando poco a poco pero siempre sin hacerme daño. Inesperadamente su lengua se metió en mi ano, di un bote de puro gusto, pero en ese momento pensé que con la emoción de la comida de ... se le había escapado involuntariamente la lengua hasta mi oscuro y estrecho orificio. Noooooooo continuó su metida en mi culo y yo volteaba como loca cada vez que me entraba su caliente lengua.

Como me gustaba esa nueva sensación tan excitante y grata a la vez, sin contar el morbo que me daba el tener un hombre comiéndome el ano como una humillación para él. Sin embargo él lo hacía con tanta normalidad, sin aspavientos ni tabúes ninguno. Jamás había pensado que una cosa así me ocurriera a mí. Luego que pasó todo el me dijo que se llamaba beso negro y que el lo hacía complacido siempre y cuando hubiera higiene, por eso me metió en la ducha. También me dijo que había otras muchas cosas más que debía probar pero que ya tendríamos tiempo de hacerlo otras veces.

Cuando ya me estuve plenamente satisfecha le dije a Felipe:

-Quiero que te corras tú ahora.

-Claro mi vida como vos queráis.

Como me gustaba que pidiese lo que pidiese me lo consintiera siempre.

-Quiero que me folles a cuatro patas y también quiero que te corras sobre mi cuerpo.

Felipe entonces se levantó de la cama y con suavidad me empujó hasta uno de los extremos. Se colocó detrás de mi culo y con una de sus manos me sujetó por la cintura mientras que con la otra tomaba un preservativo de la mesilla.

-Espera un momento, le rogué.

Me dí la vuelta y le agarré el miembro por la mitad con una mano. Como una posesa se la meneé violentamente apretando los dientes. Su ... acabó por reaccionar y se puso dura como el hierro.

-Ahora ya, le animé yo.

Felipe se estaba poniendo el condón y yo le miré a los ojos invitándole a que lo hiciera sin él, sonrió comprensivo pero moviendo la cabeza negativamente y acabó de colocárselo.

Antes de meterme todo aquel vergajo negro en la vagina introdujo dos dedos comprobando que yo aún seguía mojada. Acto seguido los retiró y comencé a notar como me penetraba aquella inmensa tranca abrasándome y llenándome por dentro.

Lentamente, con mucho cuidado fue embutiendo su pedazo de carne en mi ... que lo fue engullendo goloso hasta notar su vientre contra mis nalgas, entonces me agarró con ambas manos por las caderas y comenzó a hacer rotar su pene de un lado a otro muy despacio. Comencé a gemir y a intentar mover mi culo a su ritmo, poco a poco fui compenetrándome con él.

Ya le estaba cojiendo el gustillo al movimiento suave y circular cuando noto en mi trasero una sensación fría que me sobresaltó. Mire hacia atrás y pude ver como soltaba en la cama un bote de crema. Me estaba metiendo un dedo en mi orificio al tiempo que me penetraba ahora un poco más rápido.

La sensación era muy intensa con mis dos boquetes tapados y su carne entrando y saliendo de ellos al unísono. No me dolía mi trasero, al contrario me estaba poniendo como una gata en celo y creo que hasta empecé a maullar de puro placer.

Mi cuerpo se abandonaba al movimiento y mis sentidos mandaban ahora en mi cerebro, con mis ojos entornados por el placer que me estaba dando aquel experimentado ... y su dedo largo y cálido retorciéndose en mi culo. Sus caderas se movían cadenciosamente y con una maestría sin igual que permitía que tanto su dedo como su ... me poseyeran mientras yo permanecía abierta a cuatro patas intentando facilitarle la penetración.

De repente se separó y yo abrí los ojos, pude ver que había un espejo frente a mi en las puertas del armario ropero y por el pude observar como se inclinaba y de la mesilla cogía algo que no pude ver. A pesar de haberse estirado su ... no se había escapado de mi sexo y seguía notándola allí caliente y dura.

Reanudó el movimiento y volví a cerrar los ojos concentrándome en apretar mi útero contra su miembro cuando entraba y dejarlo libre al salir. El me ayudaba marcando el ritmo con su mano en mi cintura y su respiración entrecortada y varonil que estaba provocando liberar mis más bajos instintos. Sus huevos me empezaban a golpear las nalgas puntualmente y me encantó esa sensación de sus genitales contra los míos.



Pronto empezó a empoparme con más fuerza y precipitación y yo intentaba corresponderle para no quedarme atrás. Su pene entraba con vehemencia y cada vez que lo hacía tenía la sensación de que me entraba más y más dentro y que me iba a partir en dos, pero eso me gustaba y me volvía loca.

Mis gemidos suaves dieron paso a verdadero aullidos de placer y ya empezaba a destilar jugos cuando siento en mi culo un violento ardor. Me estaba metiendo algo en el culo que era más grande que su dedo. Debía estar lubricado porque la sensación de dolor duro unos segundos hasta que noté que me había entrado del todo. Después de eso la sensación de goce siguió en aumento.

De nuevo los dos orificios tapados mi niña y ahora sentía algo mayor en el esfínter que se dilataba sin problemas frente a los envites de Felipe. Mi vagina empezó a chorrear con la sensación de sentirme poseída por los dos sitios y le dije al mulato:

-Creo que voy a corrermeeee

Felipe incrementó un poco el ritmo y su vientre empujaba aquello que fuera que me había metido en el culo. Que gusto me estaba dando fuera lo que fuera lo que me hubiera metido allí.

Creo que empecé a gritar más de la cuenta y el mulato empezó a cabalgarme como un poseso. Jamás habría imaginado que una ... se pudiera mover a esa velocidad de vértigo que me estaba llevando al orgasmo. Era como tirarse por una catarata sin fin. Un mareo delicioso me embargó el cerebro y mi cuerpo era una coctelera de sensaciones nuevas y gratas Carli. Nunca me había corrido así. Estaba envarada de placer yo no podía más que disfrutar y olvidarme de todo, pero aquel tío seguía bombeando incansable y dándole más fuerte cada vez produciendo un regusto morboso en el ano que sin atreverme a llamarlo orgasmo me producía un estremecimiento delicioso como un hormigueo de placer.

Que frenesí, que aluvión de sensaciones que estuve a punto de rogarle que parara porque creí desmayar. Ya no sabría decir si encadene dos corridas o el artefacto del ano me estaba volviendo loca de gusto.

Sin poder contenerme le dije a Felipe:

-Échamelo, échamelo ahora quiero ver como me lo echas.

Lo creas o no me daba mucho morbo ver como eyaculaba fuera de mi vulva. El pobre no tenía culpa ninguna pero era como castigar al macho a que no disfrutara como yo y en ese momento estaba pensando en mi marido.

A él seguro que no le importó. Sacó su ... de mis entrañas y me volteó con fuerza sobre la cama separándome con rapidez las piernas. Se abalanzo sobre mí y me volvió a penetrar. Ni cuenta echaba yo de lo que aún tenía metido por el culo. Ahora me estaba empalando el moreno otra vez con su aparato.


Si antes pensaba que no se podía mover una ... con tanto nervio y rapidez estaba equivocada. Felipe imprimió un movimiento furioso y apasionado, nada parecido a las buenas maneras que tuvo conmigo al principio, pero me a mi me gustaba y me excitaba.

Me sentía salvaje y lujuriosa llena de deseo de ver como me estaban follando como nunca. Ahora logré entender lo que me contaban de los insultos porque me sentía como un guarra que quería más y más ... y más y más orgasmos. Deseaba oírlo gritar e insultarme que me llamara groserías y que follara con violencia por donde y como quisiera él. A estas alturas ya no me quedaba ni un resquicio de decoro ni vergüenza.

El mulato no paraba, era un portento de resistencia y firmeza. Jo! como aguantaba la eyaculación y eso que le había pedido que se corriera ya. Ya no sentía sus testículos golpeando rítmicamente en mí y recordé el aparato que aún tenía yo clavado en el culo, y que no me lo sacaran.

Felipe me sujetaba las piernas por los tobillos y me las abría como si quisiera romperme por la mitad y separarme en dos pedazos. El tubo del culo empezó a escurrirse hacia fuera hasta que mi ano lo expulsó y esa sensación me estaba matando de gusto. Yo lo miraba con los ojos entornados disfrutando de la visión de su pecho moreno empapado en sudor y su rostro desencajado denotando el esfuerzo y el placer que le estaba por venir, mientras mi cuerpo soportaba estoicamente las embestidas de su miembro.

Todo esto era demasiado para una novata como yo y sin dejar de quejarme de puro vicio y placer mi vagina se empezaba a dilatar de nuevo y empecé a convulsionar y correrme de nuevo, ¿cinco, seis veces quizás me había corrido esa tarde? Ya no podía recordarlo, ni siquiera más tarde cuando repasaba con Rosana lo vivido pude acordarme de cuantos tuve.

Mi chico no me iba a dejar a medias, que diferencia con casa ¿verdad? y aguantó como un campeón hasta que terminé de correrme y me vió ya menos estremecida y sosegada. Fue entonces cuando aceleró bruscamente y creí que mi vagina se iba a romper de la presión. Le oí mascullar no sé que cosas entre dientes antes de que con un gesto automático sacara de golpe todo su aparato de mi sexo desenfundado de un manotazo el preservativo se lo agarró con firmeza y tras dos o tres enérgicas sacudidas, de su verga comenzó a brotar una verdadera lluvia de espuma blanca con tal ímpetu que las primeras gotas de su esperma cayeron calientes y pegajosas por mi cuello y mis pechos...

Siguió masturbándose sin detenerse, al tiempo que de sus labios surgían unos sonidos guturales ininteligibles descargando todo lo que llevaba en sus testículos sobre mi vientre, mis muslos empantanando mi bello púbico con su cuantiosa leche.

Inundada de su semen miraba divertida y atónita como sus jugos se diseminaban por toda mi anatomía, sintiéndome manchada pero feliz. Felipe desparramaba las últimas gotas de su espectacular corrida con la punta de su ... por mi monte de Venus y mis sudadas ingles, repasando a conciencia mi clítoris.

Cuando estuvo satisfecho, se dejó caer a mi lado y yo le bese en los labios, agradecida y complacida por aquella tarde de perversión, lujuria y sexo que me han borrado de golpe muchas ideas equivocadas y prejuicios. ¿Si mi marido puede porque yo no también?

Estuvimos tumbados un rato reposando y comentando cosas de aquella velada maravillosa y el volvió a comportarse cariñoso caballero acariciándome con sus dedos las mejillas y halagando mis encantos. También pude ver entonces el consolador que había usado para empalarme por detrás.

Me dí cuenta de que el tiempo se me había escapado irremediable y veloz cuando sonó el timbre de la puerta. Con un susto en el cuerpo me tapé instintivamente con las sabanas y Felipe sonriendo me tranquilizó diciéndome que sería Rosana puesto que ya eran las ocho pasadas. Efectivamente, pasaban diez minutos de las ocho de la tarde y mientras Felipe se ponía su albornoz para ir a abrir la puerta yo fui al baño para ponerme el mío y salir a recibirla.

Rosana entró como una bala a verme y besarme interrogándome con los ojos y la expresión de su cara. No tuvo más que mirarme la cara de felicidad que yo tenia y me abrazó muy fuerte.

Le dije que pasara un momento al baño que tenía que ducharme y ella me siguió al baño esperando que yo le contara como me había ido y como yo no decía nada, empezó a preguntarme nerviosa:

-¿Qué, que tal?, vamos dime algo, ¿qué te ha parecido?

Por toda respuesta me abrí el albornoz mostrándole orgullosa y perversa el corridon de Felipe esparramado y pegajoso por todo mi cuerpo.

- Hijaaaaaa. dijo asombrada como te ha puesto y empezamos a reírnos las dos de plena felicidad.

Yo entré en la ducha y ella se fue a amañar con Felipe y seguro que a preguntarle como había estado.

Cuando terminé de ducharme las dos fuimos al dormitorio mientras el mulato se iba a la ducha para refrescarse y sacarse todo el sudor.

Yo empecé a vestirme con prisa y la muy traidora cuando aun no estaba del todo tapada me tiro una foto. Yo me quedé asombrada y forcejeé para quitarle la maquina pero ella me dijo que era un recuerdo de mi cumpleaños para que nunca olvidara esa primera vez en lo que me quedara de vida, lo que le dije a continuación me salió del alma.

-Esto no lo voy a olvidar mientras viva.

Ella se reía que se tronchaba diciéndome que ahora que había empezado ya vería como pronto otras cosas mejores me harían olvidar eso. Me dijo que si quería hacerme más fotos porque debería devolver la maquina al día siguiente y yo le dije bajito que me gustaría tener alguna de Felipe.

Otra vez empezó a reírse,

-¿Qué te crees que he hecho mientras te duchabas?

Volvimos a reír cómplices como colegialas traviesas.

Cuando ya estuve vestida y preparada nos dispusimos a salir y las dos fuimos al cuarto de baño a despedirnos de Felipe y a agradecerle yo aquella tarde de placer infinito.

Ya estaba secándose y como no Patricia la más atrevida fue a cogerle su pene morcillón y enseñándomelo dijo:

-Mejor será que guardes esto o de aquí no nos vamos ninguna de las dos.

Todos reímos con la nueva ocurrencia de Rosana, le di dos besos a Felipe que me preguntó:

-¿Todo bien?

Yo asentí con la cabeza y le contesté:

-Mejor que bien, muchas gracias.

Rosana y yo salimos con las bolsas del piso cotorreando alegremente y fue cuando empecé a contarle todo esto a ella de vuelta a casa.

Siento la extensión del relato amigos míos. Así tendrán para leer largo y tendido y puede que les ocurra al leerlo como a mí al escribirlo. Me noté húmeda y tuve que acudir corriendo al aseo para aliviarme.

Besos

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3 de mayo de 2010 a las 6:53

Quiero aclarar!!!!!
Amigos....este relato tampoco me pertenece......apareció en este foro hace mucho y lo guardé......y como veo que últimamente nadie sube nada interesante decidí subir este que me parece es muy bueno....... tengo varios relatos que son muy buenos...si este les gusta...sigo subiendo más.......que lo disfruten!!!!!

3 likesMe gusta

14 de noviembre de 2015 a las 23:57

Tremenda desahogada que he tenido
Sea o no tu relato... A sido tan bueno que me he masturbado hasta dar 3 orgasmos deliciosos a chorros!!!
Graciaaaas

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ISDIN Si-Nails
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