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Solucion transpersonal

Última respuesta: 1 de octubre de 2011 a las 2:23
D
dea_9680086
28/9/11 a las :14

Pocas mujeres han integrado la mitad superior del cuerpo, por encima de la
cintura, con la mitad por debajo de la cintura. La mitad superior, el
torso, donde están localizados los pechos y el plexo solar, vibra con una
energía muy fina de amor. Este es el amor más fino en el cuerpo. El
proporciona leche al bebe y retiene lo que es amor en el seno sin tinte de
sexualidad.
Este amor se siente a menudo como el anhelo por lo inalcanzable, la
añoranza por la pureza y la belleza idealista. Es el impulso que está
detrás de toda la idea del amor Platónico. Esta parte superior del cuerpo
es el polo superior del amor.

El polo inferior del amor por debajo de la cintura se focaliza en los
genitales, pero la energía de este amor está continuamente presente,
aunque imperceptible normalmente, en la parte baja de la espalda, en la
base de la columna, muslos y piernas. Si te estás muy quieto, aislarás
finalmente la diferente sensación de esta energía. Cuando se percibe como
tal, sin asociaciones emocionales o sexuales, esta energía de amor más
baja se siente que es justo tan pura como el amor más alto, solo que como
una sensación más tangible y con mas grano. Pero eso no le quieta mérito a
su pureza y belleza esencial, porque esta energía, subiendo por las
piernas desde la misma tierra, es pura vitalidad o fuerza vital antes que
la emoción como sexualidad o sentimiento haya entrado en ella.
La función del hombre, como principio masculino, es unificar estas dos
polaridades de amor en la mujer, para que todo su sistema fluya libre y
satisfactoriamente con el amor divino. Por esta unión de la división
superior e inferior del cuerpo humano, esto es, lo ideal y lo terreno, lo
inalcanzable y lo alcanzable, se produce la única corriente de amor
divino, o la energía dorada radiante.

Cuando esto se consigue plenamente, la mujer se reúne con su verdadero ser
-física, psicológica y espiritualmente. Su descontento se desvanece y ya no
es dependiente de su trabajo, arte, maternidad o cualquier otra actividad
externa, para darse un sentido de satisfacción o propósito. Ella puede
estar dedicada a esas ocupaciones, pero ya no estará apegada a ellas como
una necesidad.
Toda la motivación sexual de la mujer es hacer la conexión divina a través
del hombre. Su deseo de tener niños es secundario y un sustituto de lo
otro. Debido a que muy raramente se hace la conexión divina, ninguna mujer
hoy es ella misma. Ella permanece mayormente en la romántica mitad
superior de su cuerpo, anhelando lo inalcanzable y ocupando de forma
periódica o promiscuamente la mitad inferior en el sexo, en un empeño
fútil de hacer la conexión.

Pero ella la evade. Por lo que permanece virtualmente dividida en sí
misma, dos personas, hasta que finalmente apartada del sexo por la
desilusión o la vejez, vive una forma de media vida de amor idealizado
dentro de su mitad superior.
La frigidez en la mujer se debe a una falta de unión del amor en su propio
cuerpo. Ello también ayuda a causar impotencia en el hombre, o a su
incapacidad para conseguir la erección. Mientras procedemos se aclarará
más como superar estos problemas.

Para que el hombre y la mujer de hoy hagan el amor hermosa y divinamente
se requiere que cada uno induzca un cambio fundamental en el pene o la
vagina. Tanto el pene como la vagina, o, más específicamente, aquella
parte del cerebro que los controla, tienen que ser liberados
conscientemente de la emoción o de la inconsciencia del pasado, esto es, de
todos los hábitos, malas concepciones e ignorancias ganados, acerca de
hacer el amor a través de la experiencia pasada.
La experiencia es el pasado. Podemos aprender de la experiencia cualquier
cosa excepto cómo hacer el amor. El amor no viene de la práctica o la
experiencia. El amor es. El cuerpo no tiene que aprender cómo hacer el
amor; el hace el amor de forma natural. Lo que aprendemos de la
experiencia de hacer el amor no es como hacer el amor sino como cuidarnos
a nosotros mismos, cómo proyectarnos y protegernos a nosotros mismos al
mismo tiempo de forma astuta y segura. Esto por supuesto es compromiso; no
puedes protegerte a tí mismo, contenerte en cualquier manera, y hacer el
amor. Pero así es como todo el mundo hoy hace el amor.

La experiencia, el pasado, nos ha enseñado a ser cautos, a no dar todo de
nosotros mismos o podríamos perder algo, podríamos hacernos daño, por lo
que todos jugamos seguro. El miedo es abundante. Y en cualquier caso, ya
no sabríamos como dar todo al hacer el amor; también hemos olvidado eso.
¿Con cuánta frecuencia siente la gente en el amor el impulso estremecedor
de darlo todo, de querer abrirse ellos mismos rasgándose, y sin embargo no
pueden? Debes haber tenido ese sentimiento alguna vez. ¿Serías capaz de
dar todo a tu amante ahora, en este momento, si tuvieras la oportunidad?
La respuesta es no. Tienes la oportunidad de hacerlo cada vez que haces el
amor, y todavía no telas has arreglado, ¿o no?

Hacer el amor hoy es un compromiso, la aceptación de lo mejor que se puede
esperar o hacer en las circunstancias. Y ello produce, a lo más, para los
amantes el mejor sentimiento que puede esperarse del compromiso
-satisfacción, un pobre sustituto de hecho para el continuo y glorioso
sentimiento del amor físico hecho y dado sin autoconsideración, sin
compromiso , sin contenerse, sin protegerse mientras se expresa uno mismo.

Este sentimiento drogal de la satisfacción que pone a todo el mundo a
dormir después de hacer el amor está personificado en el mundo, por el
dios, hecho por el hombre, del amor: el orgasmo. El hombre es un loco del
orgasmo. Y la mujer, la diosa del amor misma, infectada e inflamada por la
locura masculina, ha empezado a adorar el falso Dios.

¡Cómo si llegar al orgasmo fuera un signo de amor! Cualquier animal puede estar hecho
para llegar sin ningún signo de amor, pero tu no puedes hacer el amor sin
amor. Por eso no debemos engañarnos a nosotros mismos o ser engañados por
más tiempo. Si tu quieres un orgasmo ve y mastúrbate. Si quieres amar,
continua leyendo.

El llegar al orgasmo del hombre, antes de que haya dado el suficiente amor para
recoger las divinas energías de la mujer, es una glotonería sin amor. El
llegar en la mujer es fácil y natural, dulce y conveniente, si solo el
hombre y la experiencia de autoprotección de ella le diera a ella la
oportunidad de ser natural y llegar de forma natural.

Pero el hombre, a través de su egoísmo a lo largo de los años y de la
inocencia de la mujer, le ha enseñado a ella, engañándola para perseguir
el orgasmo desviando su atención del amor que el no puede darle. Si estás
persiguiendo un orgasmo, no puedes ser consciente del sentimiento de amor.
Si eres un hombre que estás tratando de esperar un orgasmo, tampoco puedes
ser consciente del amor. Si eres una mujer y crees que el orgasmo es
importante al hacer el amor y parece que tu no tienes ninguno, te sentirás
depravada, culpable, y no puedes conocer el sentimiento de amor.
O, como mujer, tu podrías renunciar de tratar de encontrar el amor volviendo la
espalda al acto del amor, como hacen muchas mujeres, y de nuevo perderás
la maravilla y la gloria del amor y de tí misma.

Cuando la mujer ya ha aprendido a no tratar de hacer el amor, cuando ya
no se siente atraída o engañada por el orgasmo, y rehusa copular con un
pene emocional, cuando es lo suficiente pura para estar presente como ella
misma en el acto del amor, sin ningún pensamiento en la cabeza, tendrá un
orgasmo natural y sin esfuerzo. Ella no tendrá entonces que tratar. El orgasmo
sucederá bella y deliciosamente a través del poder del amor, el poder del
pene amoroso profundamente dentro de ella.

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M
meryem_9397376
1/10/11 a las 2:23


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