Foro / Pareja

Erase una vez, en una selva mexicana...

Última respuesta: 4 de julio de 2007 a las 22:42
I
iria_6099337
4/7/07 a las 10:45

Me encontraba en un viaje al sur de México, donde las selvas te invitan a perderte en ellas, envolviéndote en su misterio y en su atmósfera húmeda y cálida. No éramos un grupo numeroso, no importaba, mejor así. Lo mejor del grupo no eran los ñoños novios de luna de miel, era el guía, un chico de unos 25, no muy alto pero de piel morena y nariz azteca que con la mirada de sus ojos verdes me cortaba la respiración.
Abandonamos el 4x4 e íbamos caminando hacia un templo en medio de la selva. El guía llevaba camisa blanca y pantalón beig, todo pegado al cuerpo por el calor y la humedad. Bajo su pantalón se adivinaba un miembro de esos que no puedes dejar de mirar...
Ya nos habíamos lanzado miradas furtivas, él estaba muy cachondo y yo aún más húmeda que aquella selva.
Cuando llegamos al templo y tras una breve explicación histórica, el grupo se empezó a desperdigar. El guía me indicó con la mirada que nos separáramos del grupo.
Le seguí hasta un hueco que había en una pared escondido entre la maleza. Se trataba de un pequeño habitáculo en el que entraba una tenue luz.
Sin mediar palabra me cogió por las caderas, me pegó a su cuerpo y fue cuando noté su miembro, duro, erecto.
Me abrió la camisa y sacó mis pechos sin quitarme el sujetador, los mordió de forma salvaje, era una mezcla de dolor y placer, más placer que dolor.

Hizo que me tumbara sobre el suelo cubierto de musgos y hojas, yo lo estaba deseando, estaba deseando entregarme y sentirme penetrada.
Con un rápido movimiento se bajó la cremallera y cuando me quise dar cuenta tenía ante mí aquel pene erecto, brillante... Una mezcla de olor a sudor, humedad y hierba mojada provocó en mi un impulso animal y no pude resistir meterme en la boca aquella verga dura y la chupé ávidamente, una y otra vez, una y otra vez, pero yo no quería que se corriese tan pronto así que le tumbé y me coloqué encima de él.

Me abrí bien de piernas para que ese pedazo de badajo me entrara bien adentro, quería sentirme foliada, muy foliada. Y me entró, me costó que entrara de tan gorda que la tenía, pero al final pude sentir dentro de mí aquella pedazo de verga.
Mis pechos se movían arriba y abajo, bruscamente, tan brusco como me estaba foliando.
Lo estuve cabalgando no sé cuanto, rozando mi sexo contra su sexo, sintiéndome muy penetrada.
Cuánto duró no lo sé porque en aquel recóndito rincón el tiempo para nosotros se había parado.
Jamás nadie me lo ha hecho así, de esa forma tan brutal, tan animal. Aún me estremezco al recordarlo.
Al final se corrió dentro de mi vagina, como a mi me gusta: sintiendo el calor de su semen dentro de mi.

Desde entonces, en las tardes de verano cálidas y húmedas, me acuerdo de aquel buen polvo en plena selva, me acuerdo de cómo disfruté de aquella verga y no puedo evitar masturbarme pensando en él

Dedicado a Xurxo1, que algún día me enseñará castros celtas.

Ver también

M
meri_5629336
4/7/07 a las 22:42

Buenisimo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
BUENISIMO¡¡¡¡

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