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Mi historia

8 de abril de 2008 a las 18:08 Última respuesta: 8 de abril de 2008 a las 19:26

Voy a relataros lo que me está sucediendo, y que me resulta increible aún hoy. Trabajo en el sector de la construcción, un sector masculino donde los haya, y que poco a poco vamos igualando. Muy poco a poco. Soy Jefe de Obra, y llevo en obra (en los diferentes puestos) ya 5 años. Durante todo este tiempo he trabajado y casi cohabitado con muchos hombres, de distinta edad, tipo y variedad. Para sobrevivir en este mundo he aprendido a ser asexual en mi vestuario y en mi lenguaje corporal. Soy un hombre mas en el trabajo. Esta estrategia me ha ido siempre bien y he llegado a mi puesto actual con mucho esfuerzo y sacrificio, y estoy orgullosa de mis logros.
La historia que quiero contar se inicia hace 6 meses con la asignación de una nueva obra. Me designan como encargado a un hombre joven de unos 35, y que para mi sorpresa es muy simpático y agradable. Hasta entonces había tratado con encargados de toda clase, siempre hombre de más de 50, bregados en el arte de la construcción y de trato difícil al ser yo una mujer. Se inicia la obra y el trabajo con el se hace muy fácil. Desde el principio se marcan los roles y compruebo que puedo confiar en el todos los aspectos de la ejecución de la obra.
En estos meses se ha ido fraguando una confianza mutua muy grande, hablábamos de todo, de aspectos profesionales y personales. Hace unas semanas nos descubrimos hablando de sexo en la caseta, y el me confesó sonrojado que se había traído un ligue a ella unas noches atrás. Al contrario de lo que debería haber ocurrido, su confesión me excitó y en lugar de reprenderle, le solicité detalles.
El me contó como había hecho suya a aquella mujer sobre su escritorio, como lo había disfrutado. Mientras hablaba, y entre risa y risa, nuestro lenguaje corporal empezó a cambiar, sus miradas dejaron de ser a mis ojos y empezaron a pasarse a mis labios, viendo como me los mordía. La situación era super excitante, el sol de medio día entrando por la ventana, la respiración fatigada por el calor exterior, y el calor interior, se podía entrever su cuerpo musculoso bajo la camiseta. Mi pecho subía y bajaba excitado, marcándo por encima de la camiseta las formas de mujer que nunca muestro. Solo Dios sabe lo que hubiera podido suceder sino llega a sonar mi teléfono. El jefe, vuelta al trabajo.
Después de ese día evitamos cualquier conversación de rango personal, hasta ayer. Llovía intensamente y se nos estaba inundando la obra, todos los trabajadores ayudando a contener las tierras y a montar la bomba para el drenaje, un caos. La lluvia caía intensamente y nos empapaba a todos. Cuando finalmente empieza a estar controlada la situación, envío a los trabajadores a su casa, ya habían dado las 8 de la tarde y tenían mas que merecido su descanso. Nos quedamos el encargado y yo, acabando de rematar los últimos detalles.
Cuando quiero ser consciente estoy empapada, el traje de agua no ha soportado el chaparron y estoy caladita hasta la ropa interior. Por suerte, y tras unas nevadas de este invierno siempre llevo una maletita con ropa en el coche. El encargado, al percatarse de mi situación y siendo consciente de que debía volver a la ciudad, me ofrece su casa para una ducha y prestarme un poco de ropa seca. En principio declino la oferta, pero tras unos estornudos accedo. No sabía yo donde me metía.
Los 5 minutos de viaje en coche ya preludiaban el desenlace. Al retirarme el chaquetón del traje de agua, el jersey húmedo apretaba la camisa sobre mi pecho, marcándome los pezones que el frío destapaba. Él no podía retirar su mirada de ellos, y a pesar de mi sonrojo, mi intento de taparlos, era en vano.
Su mirada irradiaba deseo contenido, podía entrever el bulto de su miembro sobre el pantalón de trabajo empapado. Eso me excitaba. Más se marcaban mis pezones, y mas se crecía su miembro. La situación era una bomba a punto de estallar. En mi cabeza fluían las contradicciones. Mi deseo hacia ese hombre y la realidad que se imponía. Ese hombre es mi encargado, mi subordinado y mi trabajo con el no finaliza hasta dentro de 10 meses. A el le debía suceder igual, podía ver su deseo contenido, su pasión reprimida. Éramos dos perros enjaulados, tan cerca y a la vez tan distantes.
Ya en su casa me muestra el baño y me facilita una toalla, le pido otra para el pelo y se vá a buscarla. Me empiezo a desvestir, el abre la puerta de golpe y me descubre, con el jersey retirado y el vaquero entreabierto. La camisa blanca empapada no deja nada a la imaginación, tampoco cubre demasiado el fino sujetador de lencería que llevo puesto.
Sucede lo inevitable, el se me acerca, me agarra de la cintura y me besa apasionadamente. A la par arranca los botones de mi camisa y me agarra un pecho, me daña, el delicado tejido del sostén resulta lija en estado húmedo. Me quejo, se separa, me pide disculpas pero yo lo que hago es retirame la camisa y quitarme el sujetador. Sus ojos muestran deseo, deseo hacia mis pechos, eso me excita aún más y me da valor para acercarme y sacarle la camiseta.
Para mi sorpresa descubro un torso moldeado y hermoso, con un bello oscuro y rizado que lo cubre, le acaricio y se estremece. Envalentonada por la situación bajo mi mano y le retiro el cinturón, el se queda quieto, mirándome, con sus ojos suplicándome que no me pare. Con mucha calma le voy desabrochando los botones del pantalón. Jamás un pantalón de trabajo tardó tanto en ser desabrochado. Meto mi mano y le acaricio el miembro por encima del boxer, siento como este crece y crece, hasta que el no puede más y me coge en brazos y me mete en la bañera. Casi sin percatarme me arranca los vaqueros. Se me queda observando al descubrir mi tanga de lencería. Me mira a los ojos y me pregunta si tenía algún plan para esa noche. No, yo siempre voy femenina por el interior, ya que al exterior voy asexuada.
Me confiesa que me lleva deseando desde la conversación meses atrás, que ese día descubrió que yo tambien era una mujer. A mi me pasó igual.
Me quito el tanga lo mas sensualmente que se, y le retiro de a una el pantalón y el boxer, bajando yo a la par con ellos. Me quedo parada con mi cara frente a su mimbro y no puedo evitarlo, se lo beso, la reacción de el a mi estimulo es tan grande que me incita a seguir haciéndole, besarlo, introducirlo en mi boca, chuparsela, con cada jugada mía el reaccionaba mas y más hasta empezar a gemir. Cuando me parece que el esta a punto de irse, me paro, también quiero jugar. El, ante mi reacción, me voltea, poniéndome de espaldas a él, me separa las piernas y me agacha el cuerpo hasta casi apoyarme en la bañera. Antes casi de darme cuenta, tengo su miembro dentro de mi, duro fuerte, firme, penetrándome con vigor, una y otra vez. Si, así, Dios, jamás había sentido un placer tan grande con alguien que no fuera mi pareja. Llego al orgasmo, una vez, y otra, cuando creo que me voy a desmayar el saca su mimbro y se corre fuera. Bien pensado.

Después del sexo, una ducha y para casita, todo el viaje pensando en lo que acababa de ocurrir, con una mezcla entre excitación, vergüenza y miedo. Hoy la situación a sido rara, un día muy ajetreado, por suerte, sin tiempo para hablar, aunque las miradas lo dicen todo. Acaba de entrar en la caseta, a empezado a llover.

Ver también

8 de abril de 2008 a las 18:22

Excitante
Muy buena historia. Creo que nos conocemos porque alguna vez hemos habaldo en el chat. Me ha gustado tu historia. Muy bien relatada y muy morbosa. Creo recordar que estabas casada, no? Ha sido tui primera infidelidad?
Un beso wapa

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8 de abril de 2008 a las 19:13

Muy bueno
muy exitante!!
felicitaciones!!

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8 de abril de 2008 a las 19:14

Me gusto
Hola, me gusto tu historia?? en verdad sos casada?? bueno podriamos intercambiar consejos te parece?? besos...

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8 de abril de 2008 a las 19:26

Buena historia
Me encantó tu relato, si bien la vida no se trata de ir haciendo todo lo que nos plazca sin darle importancia a los valores. También es bueno gozar de un momento para uno, mientras no se haga daño, a gozar, que esta es una sola vida.
lelito1169@hotmail.com

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