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Historias sobre el morbo (2a)

Última respuesta: 4 de diciembre de 2006 a las 18:34
M
markos_6046046
4/12/06 a las 17:56

Los dias laborables suelo coger el tren para ir a mi trabajo, tengo 45 minutos exactos desde la puerta de mi casa hasta la mesa de mi oficina en mi despacho. Aquel día prometia ser duro ya que había dejado trabajo pendiente del día anterior. Siempre lo hago, empiezo consultando el foro de enfemenino.com y poco a poco me dejo llevar arrastrandome hasta páginas porno para acabar en el lavabo de mi empresa masturbarndome solo o por telefono con alguna amiguita...
Pero aquel día fue diferente, distinto, porque volvía a ver a aquella chica...
Eran las 20:30 aproximadamente, como todos los días llegaba tarde al último tren que me llevaba directo a mi casa así que opté por relajarme, ir un poco más despacio y disfrutar del bullicio de la gran ciudad. Sabía que en 30 minutos saldría otro tren, y a pesar de la lentitud de éste, tambien me dejaría cerca de casa. Me daba tiempo a pasear, un día más intentaría dar un vistazo a todos los escotes que pudiera, los escotes me ponían caliente, y en varias ocasiones las chicas lo habían comprobado al mirarles y devolverme la mirada justo a mi paquete...
Una vez en la estación opté sentarme al final del andén. Estaba casi vacio así que busqué aislarme un poco asegurandome que iba a encontrar asiento...
Vino el tren y subí, me pude sentar con tranquilidad, un anciano leyendo el periodico, una chica escuchando música y una señora adormilada era el desolador paisaje de aquel vagón. Pero ya me valia si lo que buscaba era tranquilidad.
Me acomodé y justo cuando las puertas del tren cerraban entró una chica que llamó mi atención.
Vestia una camisa negra con falda de raya diplomatica por encima de las rodillas, bajo ella, unas medias negras se alzaban a lo largo de sus imaginarias piernas. Su pelo castaño caia como una cascada de agua por encima de sus hombros hasta terminar en mitad de la espalda. En su mano, una chaqueta a juego con la falda y una cartera negra de aspecto empresarial.
Como siempre fijé la mirada en su escote, en sus tetas. Aparentemente calculé una talla 95, sus pechos sobresalian turgentemente y a pesar de la holgada camisa negra, un botón desabrochado inoportunamente delataba esas prominentes curvas.
Rápidamente aparté la vista de sus pechos, su mirada invadió mi atención y me hizo disimular dirigiendo mi cabeza hacia otro lado. Una sonrisa pícara se dibujó en sus labios, no quise hacerle ni caso y seguí disimulando.
Se sentó frente a mi a pesar de los abundantes asientos que habia libres. Su mirada se posó nuevamente sobre la mía que no podia enfocar otra cosa más que su figura y su escote. Y como acto reflejo inclinó su cuerpo intentando colocar su cartera en el suelo. Fué ahí cuando inevitablemente su escote se ensanchó y dejó ver el fruto que tanto deseaba comprobar. Me dejó perplejo al comprobar que no llevaba sujetador pudiendo así ver parte de sus pezones... mi ... empezaba a hacerse notar, y ella, que seguia reclinada frente a mi, estaba a tan solo 20 centimetros de ella... eso me excitó...
Su aroma desprendía sensualidad, y a pesar de aparentar ser una chica decididamente morbosa y atrevida, una alianza dorada en un dedo delataba su esposamiento.
Mi ... estaba al máximo y me era imposible disimular aquel tremendo bulto que tan solo pensaba en aquellos labios suavemente embadurnados en pintalabios.
Tenía miedo de ponerme en evidencia y crear una situación bochornosa, por lo que decidí atajarlo de raíz e ir al servicio que en ese mismo vagón se disponia a masturbarme con el recuerdo de su cuerpo y sus tetas. Me levanté y entré en el servicio. Al cerrar la puerta comprobé que una fuerza extraña y nada natural empujaba de mí, de la maneta de dicha puerta. Bajo mi cara se comprovaba un tremendo asombro al volver a abrirla y encontrarme aquella mujer frente a mi.
Me miró durante cinco segundos, esbozó una sonrisa y alzó su dedo hasta su boca humedeciendolo y susurrarme silencio.
Entró...
Se abalanzó sobre mi haciendome retroceder chocando contra el espejo lateral, y sin poder actuar mordió uno de mis labios dirigiendo su mano a mi pantalon hasta dar con el tremendo bulto. Sin dejar de besarme desabrochó su camisa de tan solo un tirón y dejó insinuar su pecho ahora desnudo y tan solo para mi.
Desabroché en medio de aquel alboroto mi pantalon y ella, sin dejarme casi hacerlo metió su mano para dar con mi ... ahora era suya.
Levanté su falda por completo sin complejos y comprové que no llevaba bragas, su ... había estado desnudo en todo momento frente a mi, depilado y a punto a disfrutar!
De un ligero salto puso sus nalgas en el lavamanos, eran prietas y morenas y en un hábil movimiento abrió sus piernas invitandome a lamer su ... mientras con las manos retenia agua del grifo y la dejaba caer por su boca resvalando entre sus tetas hasta ese jugoso ... abierto ante mi boca...
(continuará...)

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L
liceth_5742847
4/12/06 a las 18:34

Hola dayson
me ha encantado las dos historias sobre el morbo escribe pronto la tercera.un beso

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