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Mi querido hijo - parte ii

23 de febrero de 2009 a las 22:43





Me desnudé y empecé a masturbarme salvajemente con mis manos todavía pegajosas por el semen.
Con la mano derecha entre mis piernas podía sentirlos chasquidos de líquidos entre mis dedos, me movía describiendo círculos sobre la cama, agitándome como una loca y moviendo la cabeza de un lado a otro, y de mi garganta salían suspiros y gemidos del gusto que me estaba dando.
Mis tetas se balanceaban de un lado al otro.
El vello desaparecía bajo la mano, que no cesaba de moverse y los dedos que desaparecían entre los labios de mi vagina calenturienta. Gemía cada vez más fuerte,
No me importaba que pudiese despertarse algún vecino, cada vez me levantaba más de la cama y cada vez más arrugaba el entrecejo, mi boca se abría pronunciando gemidos y pequeños sollozos, estaba como poseída. De pronto sentí que estaba por llegar a un orgasmo bestial, motivo por lo cual acelere los movimientos de la mano y comencé a jadear como una loca, moviéndome y retorciéndome como nunca, estaba verdaderamente enloquecida por el mayor placer que pudiese experimentar, mientras acababa entre gritos y me encogía, con la mano entre mis piernas. Así acabe entre convulsiones que yo misma había provocado y echada a un lado de la cama jadeando escandalosamente.
Abrí los ojos, y vi a mi hijo desnudo en la puerta presenciándolo todo. Cerré los ojos y me quede acostada con los ojos cerrados.
Sentí su acogedor abrazo cuando se acostó a mi lado.
Será mejor que te vayas a dormir, ya es tarde. - Le dije-
¡Mamá, quiero que sepas que me ha gustado mucho!
Creo que le sonreí.
Hasta mañana. -
Asustada y arrepentida, sucia y miserable, así me sentía en ese momento. Mientras me prometía a mí misma que no volvería a pasar, me levanté para tomar una ducha, reflexionar por lo sucedido e intentar aclarar las ideas. Lo sucedido no era ya para ayudarle, sino para disfrutar de una situación morbosa y prohibida. ¿No fue la ayuda una excusa para poder disfrutar sin remordimientos?
Era eso precisamente lo que golpeaba una y otra vez los cimientos de mi cordura. ¡NO IMPORTA, MAÑANA LO VOLVERE A GOZAR!

Todos los días había alguna historia o algo que contar de mi hijo, hay veces que ya ni me atrevo a vestir muy sexy o con poca ropa delante de él, por la forma en que me mira y no lo quiero provocar, porque luego me siento culpable, aunque hay veces que lo deseo como una mujer de su edad.
Lo más impresionante que me ha pasado fue hace unos días, cuando mi hijo me pidió que quisiera acostarse conmigo. Aquello me sorprendió bastante, le pregunte por qué quería hacerlo y me dijo que para defenderme y que no durmiera sola, aquello me produjo algo de risa, y se puso hasta colorado, luego le dije que no había problema, que dormiría con él.
Como de costumbre, antes de acostarme siempre me ducho y voy a mi cuarto con la toalla puesta. Mi hijo ya se había acostado en mi cama y cuando llegué, le dije por supuesto que se volviera para el otro lado que me iba a vestir. Aquella noche no quise dormir (como hago de costumbre) desnuda.
Miré hacia atrás para ver si se había dado la vuelta y efectivamente tenía su cabeza para el otro sitio. No me atrevía a quitarme la toalla por si se daba vuelta, pero por otra parte quería hacerlo, quería que mi hijo pudiese contemplar a una mujer desnuda aunque fuese su madre, también en algún momento me excitaba la idea de bajarme la toalla delante de él y que me mirara completamente, pero sabía que no estaba bien, cogí mi ropa interior de la mesita de noche, una pijama de color negro y me fui al baño a ponérmelo.
A los 5 minutos entre en la habitación y mi hijo estaba viendo la televisión del dormitorio, lo miraba de reojo a ver lo que hacía, mientras ponía un poco de orden en la habitación, y la verdad no me quitaba ojo de encima. Sabía perfectamente que con el pijama se transparentaba todo mi cuerpo, pero lo cierto es que no tenía otro que ponerme.
Todo aquello me incomodaba pero por otra me alegraba también. Me fui a la cama y fue cuando mi hijo apartó la vista de mí y se centró en la televisión. Yo levanté las sábanas para acostarme y observe mientras la levantaba que mi hijo solo llevaba puesto unos calzoncillos. Hacía calor y el aire acondicionado obligaba a taparse un poco por la noche.
Los dos estábamos acostados y mi corazón ya empezaba a latir más deprisa, pero era sólo por los pensamientos morbosos que me producía estar tan cerca. Decidí darme vuelta y decirle que apagara la televisión antes de dormirse le di un beso de buenas noches como siempre lo hago, pero al inclinarme, nuestras piernas desnudas se rozaron y aquello me produjo un escalofrío por todo el cuerpo.
Sobre las 5 de la mañana me desperté como alterada y muy rara, supuse que había sido un sueño o algo parecido, miré mi hijo y estaba tapado hasta la cintura completamente dormido, encendí la lámpara de la mesita de luz y comprobé que yo estaba totalmente destapada, mi pijama estaba más arriba de mi ombligo. Quise pensar que aquello era natural, pero no me quitaba de la cabeza que mi hijo hubiese intentado mirarme o tocarme, y me imaginaba de la forma que me hubiese estado mirando y la sola idea me excitaba, pero también que yo iba demasiado lejos. Pero las fuerzas sexuales eran superiores a mí y quise comprobar si él me estuvo mirando o tocando antes de despertarme o si todo era imaginación mía, así que agarre las sábanas y destapé a mi hijo hasta las rodillas.
Aquella imagen me enturbiaba todo, ver a mi hijo dormido, e inocente, él estaba boca arriba con su cabeza a su lado izquierdo y abierto un poco de piernas y por supuesto se notaba su bulto, y me di cuenta, que si me tocó, tuvo que ser mucho antes, porque veía que no la tenía parada.
Durante un rato no aparté mi vista de su bulto, me dije ¿qué estaba haciendo? Apagué la luz, mi mente no podía quitar la imagen de mi hijo, y la fuerza que me conducían a querer vérsela en su tamaño natural,esto me producía un morbo impresionante y una excitación que ni yo misma me la esperaba.
Encendí la lámpara y le baje sus calzoncillos poco a poco, mientras mi corazón palpitaba más y más. Pude observar como sus vellos rubios iban apareciendo ante mis ojos y en un momento su pene quedó completamente al descubierto.
Varios minutos estuve contemplando la hermosura de su miembro, y pensando como las sospechas que tenía cuando era más pequeño, de que cuando fuera mayor, la iba a tener más grande que su padre se había cumplido. No podía apartar mi mirada hacia su tronco y sus testículos cómo le colgaban.
Me daba miedo tocarle, pero mi instinto de mujer, no como madre, hizo que le rozara con mi dedo índice, pero mi hijo tuvo que notar aquello, porque su miembro se movió y quedó doblado hacia un lado. Aquello me asustó un poco, me hizo despertar de aquella locura que estaba cometiendo, ni podía creer lo que estaba haciendo. Le subí la ropa lo tapé como estaba e intenté dormir, pero no pegué un ojo en toda la noche, pensando una y otra vez lo que había visto y como me hubiese gustado haber hecho otras cosas, pero no podía, no quería hacerlo.
Tampoco me quitaba de la imaginación que él me hubiese tocado o visto antes, yo creo que en aquel momento me imaginaba más cosas de la cuenta, pero pensando, llegué a la conclusión de que al otro día por la noche, iba a intentar no quedarme dormida y comprobar si eran ciertas mis sospechas.

continua

27 de febrero de 2009 a las 1:31

No me sorprende
Por experiencia les digo que si fuera de una niña a un padre lo aceptarían un poco más.
No sé porqué siempre que hay discusiones al respecto, el sexo masculino y femenino siempre crea diferencias en el parecer de la gente.
Pero al final es lo mismo... sexo. No hay otra cosa.

Me gusta

28 de febrero de 2009 a las 3:26

Una historia... un relato
que genera discusión... opiniones... excitaciones...
Bien

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